Ceremonia del té en Japón

“Cada taza de té representa un viaje imaginario”, Catherine Douzel

El té ha sido medio de pago, se le ha atribuido poderes afrodisíacos y es conocido por los beneficios que aporta al organismo, en especial, por los antioxidantes que abundan en el blanco y el verde.

Es la segunda bebida más consumida en el mundo después del agua, por lo que su producción y comercialización son fuente de ingreso importante para los países que lo cultivan. Una taza de té permite recorrer fronteras. 

En la antigüedad, su consumo estuvo reservado a las clases altas de la sociedad. Fue introducido en Japón alrededor del siglo VIII, procedente de China, donde se consumía desde la Dinastía Zhou (1046-256 a.C).

En un principio el famoso té matcha sólo era degustado por los samuráis, primero en hojas y posteriormente en polvo. La costumbre de consumirlo se extendió gracias a los sacerdotes Zen Eisa (1141-1215) y a las clases dominantes de la sociedad.

¿Qué hizo tan popular el consumo de té en Japón?

Ceremonia del té

A partir del siglo XIV, se popularizó un juego con el nombre de tocha. Se jugaba en las fiestas y consistía en servir a los invitados varios tipos de té, procedentes de diversas regiones. Los jugadores tenían que adivinar cuál era la zona en la que se había cultivado el té, podemos decir, que son los pininos de las catas de, que de forma inocente sin prever el impacto social, cultural y económico, se instauró como parte de un ritual.

A medida que aumentó la popularidad de este pasatiempo, las plantaciones de té comenzaron a extenderse, sobre todo en el distrito de Uji, cerca de Kyoto, en donde aún se produce uno de los mejores tés de Japón.

El juego conocido como tocha se transformó en una costumbre social tranquila, que practicaban las clases altas de la sociedad, junto a la contemplación de un objeto artístico en un recinto shoin (estudio), siguiendo ciertas reglas y rituales en las que influyeron los samuráis. Así se sentaron las bases del chanoyu actual; es decir, ceremonia del té en Japón.

Fuente: Okakura Kakuzo. Editorial Alta Fulla. Barcelona 1995.

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