Bodegas Arráez

“Todo el mundo debe creer en algo, yo creo que voy a seguir bebiendo, discúlpenme…”. Tal es la consigna del vino ilustre de Bodegas Arráez, Mala vida. La casa vinícola de Valencia, España, irrumpe en el mercado venezolano con una propuesta diferente, rebelde e innovadora.

Con una historia que data desde 1950, este negocio familiar está a cargo actualmente de Antonio (Toni) Arráez Calabuig, enólogo de la empresa y el tercero de su generación en dirigir la producción de vinos. Desde su llegada como mandamás, en el año 2007, la filosofía de la bodega dio un gran giro, orientándose a algo más fresco y juvenil.

“Los productores se habían olvidado de la gente joven. Por eso quisimos hacer vinos diferentes”, comenta Toni. Según ha explicado en otras oportunidades, todo se trata de una historia que “no habla tanto de taninos, ni de maceraciones en barrica, sino de ilusión y buen rollo”.

Copas de irreverencia

Su motivación es llevar la cultura del vino a gente que nunca se había planteado beberlo o conoce muy poco de la bebida. “Nuestro target es el futuro”, explica con seguridad. Sin embargo, Arráez no limita la edad de a quienes están destinadas sus creaciones: “la juventud simplemente es querer conocer y probar cosas nuevas”.

El joven enólogo, con experiencia en más de 18 bodegas de vino, asumió las riendas del lugar en un momento complicado. Rememora que recibió una llamada de su padre en la que, de manera triste, le comentaba su decisión de cerrar su templo vinícola. Ante esto, tomó el valor necesario para levantar nuevamente el negocio familiar, a través de nuevos conceptos. Explica, entre risas, que a primera instancia sus ideas no calaron de la mejor manera en su progenitor y otros allegados a Bodegas Arráez. Sin embargo, el tiempo le dio la razón y su proyecto es todo un éxito.

Bodegas Arráez Toni Arráez Calabuig

“Una imagen vale más que mil palabras”, dice el refrán, y también Toni. El valenciano comenzó así una revolución en todo aspecto de su bodega. Desde la identidad gráfica, ahora con diseños llamativos, hasta el equipo de trabajo se rejuveneció.

Actualmente cuentan con una carta amplia de “vinos canallas”, entre nueve tintos, tres blancos y dos espumosos. Resaltan nombres curiosos de los productos de la firma como “Vivir sin dormir”, “Vividor”, “Bala perdida”, “Canallas” y “Cava Sutra”. De toda su variedad, tres empezarán a comercializarse en el país, cortesía de la importadora, Corporación Askar. Estos serán el icónico “Mala Vida”, “Casas de Herencia” y “Calabuig”.

Tragos llenos de juventud, cortesía de Bodegas Arráez

Todos los vinos de Bodegas Arráez están hechos para recuperar la idea de que “es el acompañante perfecto para los momentos de disfrute”. Dado esto, son creados con la finalidad de ser versátiles y adaptables a diferentes situaciones.

Mala vida

Bodegas Arráez Mala Vida Tinto

“Este es como mi hijo favorito”, indica Toni. Elaborado por primera vez en 2010, es un tinto joven con mucho potencial. Se compone de una variedad un uvas de 30% Monastrell, 30% Tempranillo, 20% Syrah, 20% Cabernet Sauvignon. Sin embargo, el enólogo asegura que cada año pueden variar ligeramente las cantidades, esto según las condiciones de la vendimia y además para dar toques diferentes a cada cosecha.

Dedicado para resaltar lo atractivo de la mala vida, lo que no es más que vivirla al límite y llena de buenos momentos, según explica Arráez. Este pasa ocho meses en barrica de roble francés, estadounidense y húngaro. Además, se caracteriza por llevar un corcho sintético, para adaptarse a las nuevas tendencias de personas menos acostumbradas al fermentado de uvas.

“Presume de un color rojo picota y aromas de gran intensidad entre los que destacan los frutos rojos sobre un fondo de especias y tostados. Al paladar es muy agradable y sedoso con taninos golosones que persisten en la boca e invitan a repetir”, cita el portal web de los productores de vino.

La calidad de este preparado de Bodegas Arráez le ha hecho ganar diferentes distinciones a nivel mundial y obtener buenas calificaciones en escalas de diversos críticos. Por otro lado, existe un ejemplar blanco, siendo este un coupage valenciano.

Calabuig

Calabuig Bodegas Arráez

Descrito como “el vino de mamá”, debido a las razones que llevaron a su creación. La señora Calabuig, madre de Toni, le pidió un vino suave, fresco y que pudiera maridar con casi todo. Después de largas jornadas de evaluación, el español dio con la fórmula correcta para impresionar a su progenitora.

Este vino blanco es hecho con uva macabeo. Posee notas afrutadas, cítricas que generan un gran efecto refrescante al beberlo.

Cuenta también con una presentación en tinto hecho con 100% uva de Tempranillo.

Casas de Herencia

Casas de herencia Bodegas Arráez

Las botellas de este producto llevan mucho más que un vino, poseen también una gran carga sentimental. Estas corresponden a los ejemplares más antiguos hechos en Bodegas Arráez desde la primera generación de bodegueros. Se inspira en los procesos utilizados por el abuelo de Toni para hacer un tinto de calidad.

Este es mitad Monastrell y mitad Tempranillo. “Rojo granate, de matices que recuerdan las tejas de las viejas casas del pueblo. Aroma intenso y penetrante a frutos rojos. De cuerpo equilibrado, en gusto es afrutado, con toques aterciopelados debido a su precisa elaboración”, explica su enólogo.

Todo está listo para que el venezolano tome su copa y disfrute de estos “vinos para beberse la vida”.

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