Chef Karissa Becerra

Recientemente se dieron a conocer los nominados al Basque Culinary World Prize 2018, una lista en la que la peruana Karissa Becerra ha dicho presente. Cocinera, escritora, filósofa y antropóloga pero, sobre todo, “una activista que busca transformar la relación que construimos desde la infancia con la comida”.

El premio Basque reconoce a profesionales de la cocina que deciden incidir en la sociedad utilizando su profesión. En otras palabras, personas cuyo trabajo propicia cambios relevantes en ámbitos como la educación, la salud, la nutrición, el emprendimiento o el desarrollo social, desde la gastronomía.

En su caso, Becerra es fundadora y directora de la asociación sin fines de lucro La Revolución, una organización cuya labor es orientar a los niños para que aprendan a comer mejor y “a pensar y generar una conexión emocional con los alimentos”. Junto a su equipo, promueve la educación alimentaria en colegios de su país con escasos recursos, así como la lucha por su inclusión en la educación pública nacional.

Cocina y Vino conversó con ella para conocer su trayectoria en el mundo culinario, y, por supuesto, acerca del proyecto que le ha valido estar en la selección donde también figura otro latinoamericano: su compatriota Virgilio Martínez del celebrado restaurante Central en Lima.

Ser o no ser… cocinera

Chef Karissa Becerra
Galería de fotos La Revolución, Fréderic Loward.

En su juventud, advierte Karissa, estudió primero filosofía en la Universidad Católica del Perú. “Después hice un diplomado en antropología porque, la verdad, la filosofía me dejó sin ejemplos de la vida real. Eran cosas muy abstractas, no entendía como vincular la vida real con todas estas teorías y reflexiones. Por suerte en antropología encontré a un profesor maravilloso, John Earls, quien me ayudó a ver más claros mis intereses”. Entre ellos, formarse como cocinera. Aunque, alega, a principios de los años noventa en su país no había, como las hay hoy, escuelas para hacerlo.

Afortunadamente, Becerra tuvo la oportunidad de viajar a Estados Unidos para cursar una maestría en antropología de la alimentación. Mientras esperaba para matricularse, fue de visita al French Culinary Institute de Nueva York y “allí me quedé los siguientes dos años, no hice la maestría que originalmente iba a hacer, pero fui muy feliz con esa decisión”.

De hecho, antes de formalizar sus estudios como chef, ya había dado sus primeros pasos en el mundo gastronómico con su negocio Manchamanteles. Esa iniciativa, que derivó en una escuela de cocina, en una productora de proyectos editoriales y en servicios de estilismo de comida, la desarrolló junto a su amiga Sandra Salcedo. El emprendimiento duró 10 años.

“Tras estudiar (en el French Culinary Center) tenía clarísimo que no podía estar ‘esclavizada’ a la cocina, ser un line cook o estar en un lugar donde se hiciese lo mismo todos los días, ¡no hubiera llegado al trabajo nunca!”, expresa la profesional. De allí que en sus inicios retomara su oficio como estilista de comida, amén de crear y probar recetas para marcas y revistas o desempeñarse como chef privada para eventos. Entonces, fue madurando, paulatinamente, su proyecto La Revolución. Ese que, ahora, el prestigioso Basque Culinary Center ha reconocido con una nominación.

De la intuición a la acción

Chef Karissa Becerra y su equipo

¿Cómo ha incidido su formación como antropóloga y filósofa en el proyecto La Revolución, particularmente?

“Yo no creo que hubiese podido llegar a resolver mis ‘intuiciones’ sin mi formación. Pero todo suma, no solo mis carreras universitarias sino también las personas a las que he estado expuesta durante mi vida. La mayor parte de ellas muy motivadoras e inspiradoras, como mi padre o mi abuelo paterno. La Revolución no es cosa de unos pocos días, yo vengo pensando esto, por lo menos, desde hace 20 años”.

¿Qué ha implicado, ahora, esta nominación a los premios Basque?

“La nominación en sí es ya un gran premio para nosotros, el reconocimiento a lo que haces te llena de energía y te dan ganas de seguir porque, a veces, todo parece un sin sentido y eso frustra mucho. El camino es duro, no hay financiamiento, es un tema difícil de entender, no está de moda, parece que no hubiese mucha rentabilidad en resolverlo. No se entiende que es un tema fundamental, que son las bases de una sociedad saludable en todo sentido”.

Este reconocimiento podría ayudarla a hacer más visibles sus planes y a impulsarlos…

“Hace que nos presten atención, que vean lo que hacemos y que exista la posibilidad de volverlo masivo. Es un proyecto fácil de masificar con voluntad y ayuda, y que daría resultados maravillosos. La Revolución no soy solo yo, somos un grupo de personas comprometidas, inspiradas y talentosas que dan su tiempo para que salga adelante. Yo solo soy la de las ‘intuiciones’ que pide ayuda para materializarlas”.

Volver a las raíces

Chef Karissa Becerra enseñando a niña pimenton
Galería de fotos La Revolución

¿Cuál cree que es la principal carencia en torno a la información de los alimentos?

“La principal carencia es la falta de claridad y honestidad creo yo. La publicidad nos engaña tanto, los lobbies hacen que consumamos cosas que nos hacen daño y estamos bombardeados por alimentos baratos y de mala calidad, necesitamos tener una lucidez casi imposible de lograr. Estamos lejos de los alimentos, física y emocionalmente. Ya no sabemos ni de donde vienen ni quien los cultiva, ni de que colores son o como huelen. Confundimos los alimentos con productos procesados, el sabor a fresa con la fresa de verdad, confundimos la salud con la moda o con tomar una serie de suplementos nutricionales sintéticos. Hemos dejado de fascinarnos porque hemos dejado de ver con claridad, estamos aturdidos”.

Chef Karissa Becerra con niña viendo germinados
Galería de fotos La Revolución

¿Qué significan para usted estas tres palabras: “sembrar”, “saber”, “comer”?

“Son los tres pilares sobre los cuales se pensó La Revolución y en lo que queríamos tener incidencia. Sembrar: despertar las ganas de conocer, la curiosidad, la fascinación a través de la exploración. Saber: usando nuestros sentidos y nuestro pensamiento, usando los alimentos. Comer: la cocina, la mesa, la sobremesa, la familia, las tradiciones como espacios en donde re-aprender sobre nuestros alimentos”.

A estas alturas, ¿considera que, ciertamente, ha logrado un cambio con su trabajo?

“¡Sí! Y esa es la mayor motivación para seguir. Los cambios que vemos inmediatamente en quien hace un taller con nosotros o nos escucha. Niños y adultos cambian radicalmente su mirada sobre los alimentos y, más que eso, sobre la vida”.

La literatura, esa aliada

Chef Karissa Becerra enseñando con niña pintando ajíes
Galería de fotos La Revolución

Es también autora de tres libros que versan sobre temas distintos…

“Mi último libro se llama Riquisisísimo: cocina peruana para niños y para los que fueron niños. En él cuento mis recetas, las recetas de mi casa y un poquito de mis memorias alrededor de la comida y de la mesa. En la cocina había un vínculo entre generaciones, escuchabas a los adultos hablar y la abuela te contaba historias mientras pelabas las arvejitas o escogías las piedras del arroz. Aprendías sobre ti, sobre tu familia, sobre tu historia, eran espacios en donde se gestaba tu identidad. Igual en la mesa, al comer, o en la sobremesa. Mi intención es volver a generar estos espacios. Riquisisísimo es más sobre explorar la identidad y valorar tus memorias y recuerdos como tu herencia mas importante”.

¿Qué planes está gestando por estos días?

“Este y el próximo año nos vamos a centrar en las tres campañas a las que vamos a darles fuerza: Cero azúcar, donde se orienta a consumir con moderación. Come bien rico, incentivando la ingesta de frutas y verduras dependiendo de la estación del año. Y Chocorevolución, a través de la cual tratamos de hacerle entender a las personas que es mejor consumir chocolate con mayor cantidad de cacao y menos azúcar. También debemos terminar los materiales del programa de innovación educativa Saber comer para poder masificarlo lo antes posible”.

Bien lo dijo el filósofo griego Aristóteles: “Lo que con mucho trabajo se adquiere, más se ama”. Y mientras más se ama, más se proyecta. El Basque Culinary World Prize 2018, que se entrega el 23 de julio, sería para Karissa Becerra la recompensa del “trabajo bien hecho, abriendo la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho”. Que así sea.

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